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México en 1970-1972

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Gerardo Peláez Ramos

EN LAS LÍNEAS siguientes se hace una breve exposición acerca de los acontecimientos nacionales que configuraron, durante los años de 1970 a 1972, el entorno en que se desenvolvió la lucha universitaria en Sinaloa. Se exponen, de manera concisa, unas franjas minoritarias de los hechos políticos y sociales principales.

Esos sucesos, enlazados con el movimiento estudiantil-popular de 1968 y la lucha por la libertad política de diversas formaciones políticas y sociales, van a dar origen en los años 70 a la reforma política, que abrió la Cámara de Diputados, los congresos locales y los ayuntamientos a los partidos de izquierda, particularmente al Partido Comunista Mexicano y al Partido Socialista de los Trabajadores. En el plano internacional, las revoluciones de los pueblos vietnamita, laosiano y camboyano, el ascenso nacional-liberador en Angola, Mozambique y Guinea Bissau y  la lucha democrática y antimperialista llevarán al triunfo revolucionario en Indochina y las colonias portuguesas, al reconocimiento de China por la Organización de las Naciones Unidas y al desarrollo de procesos nacionalistas y socialistas en varios países de América Latina.

1. La represión

LOS AÑOS DE 1970 a 1972 estuvieron atravesados por graves medidas de represión en contra de las luchas estudiantiles, campesinas, sindicales y populares, de los guerrilleros y la izquierda política y social. El período se inició precisamente el 1 de enero de 1970 con una  agresión a presos políticos en huelga de hambre en Lecumberri. Los presos comunes participaron como golpeadores. Rafael Jacobo, líder de la Central Campesina Independiente, recibió graves heridas. Estos sucesos los narró José Revueltas en una célebre carta dirigida a Arthur Miller. (1)
La violencia estaba presente en muchas partes. El 26 de abril, en un acto contra la farsa electoral en Chihuahua, fue asesinado Enrique Domínguez Carvajal y fueron heridas 23 personas más.
No sólo se actuaba contra la izquierda del país. Los órganos de seguridad, información y provocación se ponían de acuerdo internacionalmente, para mejor servir a la teoría y práctica norteamericanas de la seguridad nacional.  La colaboración del gobierno mexicano con las dictaduras de Centroamérica, el Caribe y Sudamérica, era una realidad, en especial durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz. El 16 de mayo de 1970 fue asesinado en territorio mexicano el guerrillero guatemalteco Marco Antonio Yon Sosa, dirigente principal del Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre. Comandó la acción el general Luis R. Casillas, conocido elemento represor, y, por cierto, posterior comandante de la IX Zona Militar en Culiacán.
Al año siguiente, pese a la retórica tercermundista de Luis Echeverría Álvarez, se dio incluso la entrega de rehenes a la dictadura guatemalteca, la cual no hacía prisioneros, y, en consecuencia, no había presos políticos, sino sólo muertos, “desaparecidos” y exiliados. En abierta violación del derecho de asilo y sin el menor respeto por los derechos humanos, el 29 de marzo de 1971 cayeron en manos de la policía mexicana Ricardo Alfredo, Sergio Armando y Juan José Arévalo Bocaletti y Percy Amílcar Jacobs de León, militantes revolucionarios del país del Sur. Después aparecerían muertos en el departamento de San Marcos de Guatemala.    El 18 de mayo de 1970, de acuerdo con la Dirección Político-Militar Central de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR):

…suceden los hechos de la aprehensión con lujo de fuerza, por ejército y policías especiales, de cuatro estudiantes y un campesino todos por el delito de pegar propaganda revolucionaria en la Cd. de Atoyac de Álvarez; los detenidos fueron golpeados y torturados brutalmente con el propósito de hacer que denunciaran la ubicación de grupos armados que existen en Gro.; los golpes y las torturas causaron la muerte del campesino y de uno de los estudiantes (Julio Hernández Hinojosa y Josafat Hernández Ríos respectivamente)… (2)

Un estudioso del movimiento armado en Guerrero, plantea en una de sus obras:

…A lo largo de los primeros meses de 1970 y en consecuencia de las acciones realizadas –y quizá más que todo por temor por parte de las autoridades del afianzamiento de un foco guerrillero en una coyuntura nacional que se volvía particularmente peligrosa– se asiste a un enorme desplazamiento de tropas federales de los estados de Oaxaca y Morelos así como del mismo estado. El impresionante y cerrado operativo militar y la poca capacidad de respuesta de la guerrilla, obliga a evadir el cerco para salir de la zona controlada, no así pudiéndolo lograr algunos campesinos de la región [Costa Chica] que habían colaborado con la guerrilla, sobre los cuales cayó la represión. (3)

La crisis en la educación superior se expresaba en diversas formas: el 23 de septiembre de 1970, 200 universitarios tomaron la Casa del Estudiante de Guadalajara. El 29 murieron tres de ellos en un asalto de la dirección fegista, a la vez que hubo 15 heridos. El 30,  la Policía Judicial ocupó el local siendo detenidos 25 estudiantes. El 27 de septiembre se constituyó el Frente Estudiantil Revolucionario, en la capital de Jalisco, el cual lanzó un manifiesto en el que se proponía desaparecer a la Federación de Estudiantes de Guadalajara, democratizar el movimiento estudiantil y alcanzar otros objetivos democráticos. (4) El 23 de noviembre Arnulfo Prado Rosas, del Comité Coordinador del FER, cayó acribillado a balazos.
La policía detuvo el 29 de diciembre de 1970 a Valentín Campa,  Demetrio Vallejo, Julio Gómez y Jaime Perches, bajo la insólita acusación de haber participado en un sabotaje a unas locomotoras. La provocación era evidente. El 1 de enero de 1971 fueron liberados.
Julio Sánchez Vargas se presentó ante la prensa, radio y televisión para informar sobre la detención de elementos “subversivos” de una organización guerrillera. Un testimonio de aquel episodio, Fernando Pineda Ochoa lo narra así:

El 16 de marzo de 1971 todos los diarios nacionales y demás medios de información dieron a conocer la noticia: fueron detenidos 19 miembros de un grupo subversivo denominado Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR). No era la primera ni la única agrupación de esas características en el país; sin embargo, impactó la evidencia: habían sido entrenados en una nación comunista, con la finalidad de derrocar al gobierno mexicano por medio de las armas.
Se orquestó una campaña publicitaria, de proporciones considerables, dirigida por el Estado. Expulsaron a cinco diplomáticos soviéticos; la prensa, la radio, la televisión participaron en este aquelarre anticomunista. José Cruz, autor de El Santo (sí, el Enmascarado de Plata), colaboró ilustrando un pasquín que titularon Traición a la patria. La mismísima Selecciones del Reader’s Digest contribuyó con su granito de arena insertando en su edición de noviembre de 1971, en la sección de libros, un artículo titulado “Complot contra México”.
Era la tirante cuerda del reloj de la guerra fría. (5)

El 17 de marzo  Emilio O. Rabasa, secretario de Relaciones Exteriores, declaró a cinco diplomáticos soviéticos personas non gratas. De esta manera, entraban en juego las componendas con el gobierno y los monopolios norteamericanos que impulsaban, en esos años de guerra fría, la doctrina de la seguridad nacional para detener, asesinar y exiliar a comunistas, socialistas, nacional-revolucionarios, católicos de izquierda y otras fuerzas interesadas en la independencia nacional y la transformación social de nuestros países.

Masacre y consecuencias del Jueves de Corpus

EL 10 DE JUNIO de 1971 ocurrió uno de los actos violentos que complicaron todo el cuadro de fuerzas sociales y políticas en la nación: la matanza del Jueves de Corpus en San Cosme. Una importante manifestación estudiantil en solidaridad con los universitarios neoleoneses y por las libertades democráticas fue sangrientamente reprimida, con la intervención del grupo paramilitar de los halcones. Murieron decenas de estudiantes, entre ellos  el hermano de Jesús Martín del Campo. El PC Italiano protestó por la masacre.
La matanza del Jueves de Corpus aceleró el proceso de desconfianza en las formas de lucha democráticas, de masas y por reformas, por parte de grupos de izquierda y pequeños sectores de estudiantes, intelectuales, campesinos y colonos, así como de grupos aún más pequeños de obreros y empleados. El lenguaje se hizo áspero, la intolerancia alcanzó carta de naturaleza, y se desarrollaron con fuerza en Guerrero, Nuevo León, Distrito Federal, Jalisco, Sinaloa, Chihuahua y otras entidades los preparativos revolucionarios, acciones expropiatorias, secuestros de terratenientes y capitalistas, actos terroristas e, incluso, algunos intentos insurreccionales.
No sólo grupos de jóvenes “acelerados” incurrieron en deformaciones izquierdistas, sino también el PCM, que el 15 de junio declaraba:

La acción unida en torno a cuestiones mínimas de interés común ha de crear las condiciones favorables, en el curso de su desarrollo, para una unidad más profunda y permanente de las fuerzas democráticas y revolucionarias que se exteriorizan como tales en la lucha. Esta unidad, para que represente verdadera trascendencia histórica, debe forjarse, en nuestra opinión, alrededor de un programa básico que contenga los siguientes objetivos fundamentales.
1) Derrocamiento de la oligarquía en el poder y su remplazo por un gobierno de amplia coalición de todas las fuerzas antioligárquicas, antiimperialistas y socialistas (la clase obrera, los campesinos, la intelectualidad, las capas medias urbanas); 2) Nacionalización del capital extranjero en todas las ramas; 3) Expropiación  de los grandes monopolios nacionales en la industria, la banca y el comercio; 4) Establecimiento de plenas libertades democráticas, que incluiría: amnistía para los presos y perseguidos políticos, garantías para el funcionamiento de todos los partidos políticos, libertad sindical, abolición de la cláusula de exclusión; 5) Eliminación de la gran propiedad de la tierra, reducción de la pequeña propiedad a 20 hectáreas en los distritos de riego y su equivalente en tierras de otra calidad, organización cooperativa de los campesinos pequeños, sobre bases voluntarias; libertad de organización para los obreros agrícolas. (6)

La violencia oficial adquiría rasgos de ilegalidad y de violación constante de la Constitución General de la República, otras leyes y reglamentos. El 4 de julio apareció Justicia Anónima de Guerrero, en la Costa Grande, para “exterminar, como el Escuadrón de la Muerte de Brasil”, a los izquierdistas y “a sus familiares, amigos y protectores”. Comenzó la guerra sucia: secuestros de supuestos guerrilleros, comunistas y otros elementos de izquierda; asesinatos; “desapariciones”; tortura de detenidos, provocaciones anticomunistas y asesinatos de presos políticos;
En julio, Genaro Vázquez respondió a la invitación del general Joaquín Solano Chagoya:

…el secretario de la Defensa Nacional y el Procurador General de Justicia de la República han dispuesto la represión generalizada, vistiendo de civiles a grupos del ejército y de la policía encargados de este cometido, a efecto de eludir toda responsabilidad; dichos cuerpos, auxiliados de matones a sueldo de los caciques de la región, golpearon, persiguieron, secuestraron, asesinaron y han detenido hasta la fecha a cientos de campesinos y de humildes gentes del pueblo, sin excluir a mujeres que con niños en los brazos fueron arrancadas de sus hogares con lujo de fuerza por quienes en los hechos constituían ya la modalidad mexicana del “Escuadrón de la Muerte”, de Brasil, con el total respaldo de las dependencias gubernamentales mencionadas. (7)
Últimamente se ha difundido profusamente la formación del organismo fascistoide “Justicia Anónima de Guerrero”, y fuentes bien informadas nos han enterado que son los titulares de las dependencias citadas, Gral. Hermenegildo Cuenca Díaz y Lic. Julio Sánchez Vargas, quienes han ordenado dicha publicación con el propósito de evitarse toda explicación molesta que haya que hacer en torno a los detenidos sometidos incluso a las más incalificables torturas, problema aparte de los desaparecidos definitivamente, lo que complica su situación de representantes y defensores del orden legal, con lo que resulta más fácil echarle la culpa a su engendro fascistoide mencionado. (8)

A fines de 1971 se agudizaron los golpes represivos de carácter selectivo. El 8 de octubre fue asesinado en La Barca, Jalisco, el militante del Movimiento Revolucionario del Magisterio César Augusto Manzanero.
El 20 de noviembre se produjo el secuestro de Valentín Campa en Ciudad Obregón, Sonora, siendo liberado el 22. La Procuraduría General de la República informó que le fue presentado por la policía militar. A lo largo de esos años, una constante sería la actuación del ejército en funciones policiales.
El 4 de diciembre tuvo lugar el asesinado en Lecumberri del preso político Pablo Alvarado Barrera, quien fue objeto de una provocación. Ante este hecho, el Presídium del CC del PCM hizo el siguiente llamamiento:

…el asesinato de Pablo Alvarado sólo podrá ser explicado como un acto de venganza e intimidación, equiparable al ajusticiamiento de rehenes, y como represalia por el secuestro del rector de la Universidad de Guerrero y la liberación de algunos presos políticos, como parte del rescate. Personas inermes, en poder de la autoridad u oposicionistas al alcance de la mano de las fuerzas represivas, sufrirán las consecuencias –parece decir la masacre (sic) del día 4– de actos como el secuestro del rector guerrerense. (9)

En 1972 continuaron las acciones represivas, las amenazas y otras medidas en contra del movimiento social y la izquierda. El 12 de enero, Fidel Velázquez amenazó en Tepeji del Río: “En la CTM y en el movimiento obrero, se encontrará siempre todo un ejército dispuesto a la lucha abierta, constitucional o no”. (10)
El asalto de tres sucursales bancarias en Chihuahua, el 15 de enero, constituyó el pretexto para que el ejército matara a Adelina Gallegos y Óscar Montes López e hiriera a Pablo Martínez. Una clienta fue asesinada. Después muchos guerrilleros fueron detenidos y eliminados. Ramiro Díaz Ávalos “se suicidó”. Mario Olguín sufrió la “ley fuga”. Diego Lucero, según un comunicado oficial, cayó “en un enfrentamiento”. Así se las gastaba el régimen del PRI.
El 2 de febrero murió Genaro Vázquez en el kilómetro 200 de la carretera México-Morelia, según algunas versiones a manos del ejército. (11) El día 5 cayó acribillado, en México, el joven dirigente comunista, maestro universitario, fundador de la  Liga Comunista 23 de Septiembre y guerrillero Raúl Ramos Zavala.
El ejército impidió, el 10 de abril, una marcha campesina de Tlaxcala a México, organizada por la CCI, siendo amenazado por un general el líder Ramón Danzós Palomino. El 15 de ese mes, no se permitió una manifestación del MRM, cuyo local vivió un asalto y varios militantes emerremistas fueron golpeados. Un día antes fueron detenidos J. Encarnación Pérez, Gerardo Unzueta y Antonio Franco, dirigentes del PCM. La policía sacó un comunicado de corte fascista. (12)

Dos asesinatos políticos

DESPUÉS DE 1968, SE recrudeció la represión política en contra de estudiantes, obreros y campesinos. La lista de caídos es realmente impresionante. (13) Aquí se hará referencia a los asesinatos de Joel Arriaga y Enrique Cabrera, destacados militantes comunistas en el estado de Puebla, que habían sobresalido en las luchas estudiantiles de los años 60 y en el proceso de democratización de la Universidad Autónoma de Puebla, actual BUAP.
El 20 de julio de 1972, ante el asesinato de uno de sus cuadros más queridos el Presídium del Comité Central del PCM declaró:

El camarada Joel Arriaga, destacado intelectual revolucionario, director de la Escuela Preparatoria de la Universidad Autónoma de Puebla, militante y dirigente del Partido Comunista en el estado de Puebla, ha sido vilmente asesinado. No cabe en este caso la lamentación sino la denuncia: cayó acribillado por los grupos fascistas que el régimen cobija bajo la impunidad en esa entidad y en el país. (14)
El asesinato de Joel Arriaga se dio ese mismo día. Después de reunirse en la Universidad, el compañero se dirigió con algunos amigos a tomar café en un restaurante. Los fascistas entraron y salieron del restaurante, en espera de la salida de Joel. Éste y Judith, su esposa, subieron a un auto, avanzaron varias cuadras, y, en un alto,  les cerró el paso el auto en que iban los asesinos, y se oyó poco después una ráfaga de 11 disparos. Joel cayó muerto.
Judith salió a solicitar ayuda a los policías que se encontraban cerca del lugar de los hechos, pero se negaron a perseguir a los criminales. Esto no era raro. El Estado, desde hacía tiempo, permitía la libre actividad de las organizaciones ultraderechistas.
En el paraninfo de la UAP, donde era velado, el 21 de julio, cientos y cientos de estudiantes, profesores, campesinos, obreros y gentes del pueblo le rindieron homenaje. Su popularidad y prestigio quedaron de manifiesto.
De distintas partes del país llegaron a Puebla delegaciones diversas a expresar sus sentimientos de pésame y solidaridad. Intervinieron varios oradores, entre ellos J. Encarnación Pérez, del Presídium del CC del PCM; Rafael Jacobo, secretario de Organización de la CCI; el catedrático Enrique Cabrera (quien meses después también sería victimado); un líder de los estudiantes de la UAP; un representante de las autoridades universitarias; el licenciado Adán Nieto Castillo y Judith, la compañera del líder asesinado.
Más de 12 mil personas protestaron, el 26 de julio,  por el asesinato de Joel Arriaga en una combativa manifestación, en la que participaron el MRM, el Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, la CCI, el Movimiento Sindical Ferrocarrilero, uniones de locatarios, pequeños comerciantes, colonos y choferes. Cientos de mantas y pancartas expresaban el repudio generalizado al crimen.
Semanas antes del asesinato las fuerzas fascistas de la entidad habían creado todo un clima de intimidación y amenazas. A Joel Arriaga, Enrique Cabrera, Luis Rivera Terrazas y otros dirigentes comunistas y de izquierda de la UAP se les amenazaba de muerte. La capital poblana se llenó de pintas y pegas anticomunistas y fascistoides. En El Heraldo de México, por otra parte, se descubrían planes y conjuras de los militantes del PCM y otras organizaciones democráticas y revolucionarias para desquiciar la tranquilidad de Puebla.
Joel Arriaga, destacado militante del Partido Comunista Mexicano, participó durante 15 años en el movimiento estudiantil y popular de Puebla y fue preso político algunos años en la Cárcel Preventiva de Lecumberri, el conocido Palacio Negro. Al salir de la prisión, Joel se reincorporó a sus actividades partidistas.
El asesinato de Joel Arriaga formó parte de la cuota de sangre que el PCM tuvo que pagar en la lucha por democratizar la UAP. Otros militantes comunistas, como Enrique Cabrera, también pagarían con sus vidas la conquista de la democracia en la Universidad Autónoma de Puebla. (15)
Enrique Cabrera Barroso, jefe del Departamento de Extensión Universitaria y Servicio Social de la UAP y miembro del Comité Estatal del PCM en Puebla, fue muerto a tiros el 20 de diciembre de 1972. Se sumaba, así, un caído más a la larga lista de revolucionarios asesinados durante el sexenio de Luis Echeverría.
Enrique Cabrera entró en relación con el PCM en 1960, y con el ingeniero Luis Rivera Terrazas fundó el círculo marxista José María Morelos y Pavón; participó activamente en la lucha contra los aumentos al teléfono y el pan, organizando la protesta popular, y militó, asimismo, en la organización juvenil de la masonería.
Ante la agresión norteamericana a Cuba, en abril de 1961, Enrique organizó una manifestación en solidaridad con el pueblo cubano y en contra del imperialismo yanqui. Desde ese importante acto de masas, se desarrollaron choques en la calle entre estudiantes avanzados y el Frente Universitario Anticomunista, hermanado al Movimiento Universitario de Renovadora Orientación y otros grupos fascistas. La rectoría, a cuyo frente estaba Armando Guerra, militante del FUA, ordenó cerrar el edificio Carolino y suspender labores. El Día del Trabajo, universitarios de izquierda, con Enrique Cabrera a la cabeza, se posesionaron del edificio, con lo que dio inicio el movimiento de reforma universitaria.
Por su actividad social y política, Enrique Cabrera fue internado en la prisión de San Juan de Dios el 14 de junio de 1961, siendo liberado hasta el 22 de agosto de 1962, tras la lucha de los universitarios por su excarcelación. En la campaña del Frente Electoral del Pueblo de 1963-1964, que lanzó la candidatura presidencial sin registro de Ramón Danzós Palomino, Enrique se incorporó de lleno y fue candidato a diputado. (16)
En el curso de la lucha contra el rector José F. Garibay Ávalos, Enrique Cabrera fue detenido nuevamente. El 23 de julio de 1966, en una carta abierta explicaba cómo ocurrió su detención:

El pasado 15 de julio a las ocho de la noche me encontraba en las calles de Poniente y 7 Norte, esperando un transporte del servicio urbano. Sorpresivamente me rodearon diez agentes de la policía judicial con pistola en mano y me indicaron que tenía que abordar una camioneta de la policía. Les exigí que me mostraran la orden de aprehensión o algún documento judicial que justificara la detención. Los polizontes respondieron que si no accedía a su arbitrario proceder abrirían fuego contra mí… (17)

El dirigente estudiantil, que estuvo recluido en un calabozo construido en tiempos de Porfirio Díaz, fue sometido a proceso por los delitos de asociación delictuosa, ataques a las vías de comunicación, ataques a funcionarios públicos, vagancia y malvivencia, robo y fraude. Debido a este juicio estaría dos años en la cárcel.
Al ser liberado, Enrique fue obligado a salir del estado, mas al poco tiempo volvió y se incorporó a las luchas políticas y sociales de fines de los años 60 y principios de los años 70.
Los acontecimientos centrales que antecedieron al asesinato del militante comunista fueron: 20 de julio, muerte de Joel Arriaga; 14 de octubre, mitin de apoyo al gobernador Gonzalo Bautista O’Farrill; 18 de octubre, concentración anticomunista en el Zócalo de Puebla; 9 de noviembre, la Guardia Unificadora Iberoamericana publica un desplegado en México en el que llama a “ajusticiar” comunistas; 18 de noviembre, detención corta de Enrique Cabrera y violento documento del llamado Comité Coordinador de la Ciudadanía Poblana, y 29 de noviembre, graves amenazas del gobernador contra los comunistas y la dirección universitaria.
En ese clima se cometió el crimen.
Alrededor de las 10 de la noche del día 20 de diciembre, Cabrera Barroso bajó de un taxi frente a su hogar, sacó las llaves para abrir, y, cuando se disponía a entrar, tres sujetos lo agredieron por la espalda, cayó al suelo boca abajo y fue acribillado con 15 tiros de pistola 380 y 38.  En ese momento llegaba su hermano menor, quien intentó correr tras de los asesinos, pero éstos iban bien custodiados y recibieron protección de otros pistoleros que dispararon desde unos terrenos baldíos, donde dejaron regados casquillos de M-1.
Según Alfonso Vélez Pliego, la Universidad, al aglutinar a movimientos que se desarrollaron a partir de 1970 y al darles un cauce, se convirtió en el principal protagonista de los acontecimientos que se sucedieron en este período. La Universidad y los universitarios eran el objetivo central de la provocación y de la represión anticomunista. El otro gran objetivo era el PCM. La burguesía y el gobierno estaban convencidos de que la agitación y las luchas populares y universitarias tenían su origen en estos dos factores y por esta razón la ofensiva que desataron desde julio de 1972 hasta el Primero de Mayo de 1973, encabezada personalmente por el gobernador Bautista O’Farrill, tenía el propósito de recuperar el control de la Universidad previa liquidación del Partido Comunista.

El asesinato de Enrique, pues, se inscribía en ese contexto.
Las fuerzas democráticas y de izquierda protestaron por el crimen. El Presídium del Comité Central del PCM proclamó:

El asesinato del camarada Enrique Cabrera Barroso, es un crimen político cuya responsabilidad recae en el poder público –gobierno federal y estatal de Puebla– por cuanto que a la luz del día fue preparado, igual que el del camarada Joel Arriaga, sin que las autoridades tomaran la más elemental medida para impedirlo. Es más; desde la tribuna pública el gobierno del esta-do profirió las más furibundas amenazas y ofreció encarcelar a los dirigentes y funcionarios de la Universidad Autónoma de Puebla entre quienes se con-taba el camarada Cabrera. (18)

2. Las luchas sindicales

LOS AÑOS DE 1970 a 1972 fueron muy importantes para la clase obrera y otros asalariados: comenzó la reanimación sindical, dio inicio la insurgencia obrera y nació el sindicalismo universitario de masas. Con justeza, el PCM señalaba el 6 de abril de 1970:

La huelga de los electricistas de Villa Acuña, la de los obreros de IUSA y AUTOMEX son ejemplos claros del estado de ánimo de un importante sector de la clase obrera que hace uso de sus derechos y los defiende con decisión. Lo nuevo en los casos de IUSA y AUTOMEX, consiste en que los obreros apelan a la huelga al margen de las restricciones de la Ley del Trabajo y pasan por encima de las direcciones patronales y gobiernistas. Estos movimientos y otros acaecidos recientemente, son expresiones de un fenómeno que habrá de jugar un papel decisivo en el futuro inmediato de la lucha de clases en nuestro país: el surgimiento de una nueva generación obrera dispuesta a rescatar el puesto avanzado que le corresponde en el proceso revolucionario. (19)

Para el 1º de Mayo, la misma organización planteaba:

Al margen de los trabajadores, pero con la determinante participación de los patrones y de los líderes sindicales oficialistas, los consejeros laborales del gobierno elaboraron la nueva ley del trabajo que en este Primero de Mayo entrará en vigor. Esta ley, que presentan como proteccionista del trabajador, reafirma y acentúa los obstáculos para el ejercicio del derecho de huelga y la libre sindicalización, estableciendo nuevos controles para los miembros de los sindicatos; es un instrumento para la explotación del trabajo y para someter las luchas de la clase obrera mediante el arbitraje gubernamental obligatorio, disfrazado de intervención conciliatoria al margen de las partes en pugna, o francamente por medio de restricciones a las que por fuerza tienen que someterse los obreros. (20)

En la segunda mitad de 1970, se integró el Comité Nacional Ferrocarrilero de Unidad y Lucha Electoral, que realizó importantes actos de masas en Irapuato, Guadalajara, Mazatlán, Durango y otras ciudades del país.
En 1971 continuó la reanimación sindical. Para responder a este fenómeno, el gobierno apoyó en forma abierta al aparato de control burocrático de los sindicatos. Así, el 27 de febrero, LEA declaró en la LXXVIII asamblea general ordinaria del consejo de la CTM: “¡Qué claras, qué directas, qué vigorosas, qué leales a los intereses de todos los trabajadores de México, las palabras de Fidel Velázquez! ¡Es el mismo Fidel Velázquez de sus vigorosos años mozos! Se entiende que eso les duela a los enemigos del movimiento obrero de México”. (21)
El Presídium del CC del PCM, indicaba el 31 de julio de 1971:

Otro aspecto del aplastamiento de derechos de los trabajadores es la sistemática intervención, abierta o encubierta, del gobierno en la vida de los sindicatos: algunas de sus formas las ampara la nueva Ley Federal del Trabajo al reafirmar el registro obligatorio de los sindicatos y el reconocimiento de sus comités ejecutivos ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Esta dependencia del Poder Ejecutivo se encarga de nulificar legalmente el derecho de huelga.
Característico de regímenes fascistas es el papel que la burguesía gobernante ha impuesto a los sindicatos de obreros y empleados convirtiéndolos en estructuras corporativas, administradas por una casta gangsteril-burocrática que dependen en todo y por todo del gobierno. La fauna de charros y burócratas del sindicalismo oficial no habría surgido ni se mantendría sin el apoyo del gobierno y, por ello, obedece al mando centralizado en el Presidente de la República. En la mayoría absoluta de los sindicatos, los trabajadores no pueden defender sus intereses, por el contrario, en su estado actual, forman parte del aparato estatal, en esencia sirven a los intereses patronales. Los sindicatos bajo control gubernamental instrumentan el sometimiento de las masas y apuntalan el monopolio político de la oligarquía. (22)

El 16 de octubre, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje falló en contra del Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana y éste perdió la titularidad de su contrato colectivo de trabajo. Se amparó el día 20. Este destacamento de la clase obrera sería el centro del movimiento sindical a lo largo de los cinco años siguientes.

La insurgencia sindical

EL 25 DE FEBRERO de 1972 ocurrió un acaecimiento histórico: fue parcialmente democratizada la Sección 67 del Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, que agrupaba a los obreros de Fundidora Monterrey. Los comunistas jugaron un papel destacado. Con este episodio dio inicio, en forma masiva, la insurgencia sindical.
El 1º de Mayo de 1972 se presentaron nuevas expresiones de la lucha obrera y sindical. Se efectuó una manifestación del Comité de Defensa Popular con la participación de los trabajadores de Aceros de Chihuahua, Sección 8 del SNTE, el Movimiento Sindical Ferrocarrilero y otras organizaciones sociales; los charros chihuahuenses no celebraron manifestación, sino sólo un mitin. En Puebla los obreros de Volkswagen y el STERM organizaron contingentes combativos en el desfile oficial, y al final de éste hubo una marcha independiente de 600 campesinos. En Oaxaca desfilaron la CCI, el MSF, el MRM y estudiantes. En Matías Romero marcharon los ferrocarrileros bajo la demanda de democracia sindical. En Monterrey hubo choques entre trabajadores y la policía.

El PCM veía así las cosas:

La clase obrera dispone hoy en nuestro país de una gran fuerza potencial. Grande por su número y por el hecho mismo de hallarse concentrada en las fábricas y empresas puede jugar un destacado papel al lado de los campesinos pobres y explotados, de los estudiantes e intelectuales revolucionarios, de los maestros y empleados, tan marginados y vilipendiados como los propios obreros, en la lucha por las transformaciones políticas y sociales que se imponen en nuestra sociedad en la hora actual. Pero ello a condición de que los obreros rescaten a sus organizaciones del control oficial, de que se sacudan el dominio de la camarilla de líderes reaccionarios que juegan el papel de agentes de la burguesía en las organizaciones sindicales, de que impongan el respeto a la democracia sindical y se conviertan en partícipes activos en la lucha por sus propios intereses y derechos. (23)

En tal orientación, la XVIII sesión plenaria del CC del PCM, celebrada del 1 al 4 de julio,  lanzó un llamamiento en el que afirmaba sectariamente:

Nos oponemos a las concepciones de dirigentes que reducen la lucha por la independencia política, ideológica y organizativa de la clase obrera a la lucha contra los charros, como lo hacen Rafael Galván y Demetrio Vallejo. Rechazamos el intento de llevar a la clase obrera la idea de que esta lucha se limita a una depuración superficial del aparato de los sindicatos, y el criterio de que la clase obrera puede o debe apoyarse para su lucha independiente en algunos sectores de la burguesía a los que se atribuye un nacionalismo progresista para darles rasgos positivos que no poseen. (24)

El sindicalismo universitario de masas

LA CONSTITUCIÓN DEL STEUNAM, en noviembre de 1971, significó poner en pie de lucha a una parte fundamental del grupo de trabajadores universitarios más importante del país: el del Distrito Federal. La lucha por el contrato colectivo de trabajo condujo a la organización y a la lucha de masas. El STEUNAM se creó formalmente, solicitó su registro legal (que le fue negado), realizó mítines y manifestaciones, se vinculó a otros grupos de trabajadores organizados o en vías de organización, y demandó la firma de un CCT.
Del 19 al 21 de marzo de 1972 tuvo lugar el Congreso Constituyente de la Federación de Asociaciones y Sindicatos de Trabajadores al Servicio de las Universidades e Institutos de Enseñanza Superior de la República Mexicana, con la participación de representantes sindicales de las universidades de  Veracruz, Morelos, Guerrero, Puebla, UNAM y el Instituto de Estudios Superiores del Estado de Tlaxcala.
Quedó asentado en el acta constitutiva:

…En la Ciudad de México, Distrito Federal, siendo las diez horas del día diecinueve de marzo de mil novecientos setenta y dos… se reunieron los delegados de las asociaciones y sindicatos que a continuación se señalan: Sindicato de Trabajadores Administrativos y de Intendencia al Servicio de la Universidad Autónoma de Guerrero… y Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad Nacional Autónoma de México, a efecto de discutir sobre la conveniencia de constituir la Federación de Asociaciones y Sindicatos de Trabajadores al Servicio de las Universidades e Institutos de Enseñanza Superior de la República Mexicana. (25)

En el Artículo 3º de los Estatutos se estableció que la Federación tenía por objeto:

I. El estudio, mejoramiento y defensa de los derechos e intereses comunes de los trabajadores agremiados en las asociaciones o sindicatos federados y los derechos de las propias agrupaciones afiliadas en la Federación, considerando dentro del concepto señalado, entre otras actividades las siguientes: la construcción de unidades habitacionales al alcance de los trabajadores universitarios, el mejoramiento de las leyes de seguridad social protectora de nuestro gremio, la implantación de escuelas y academias de administración pública para los trabajadores universitarios, de sus hijos y de sus agrupaciones.
II. Pugnar porque en cada universidad del país, existan asociaciones o sindicatos que garanticen la eficaz defensa de los derechos del trabajador universitario.
III. Velar porque todos los sindicatos contribuyentes y los que en el futuro se federen, cuenten con ordenamientos internos democráticos. (26)

El congreso resolvió impulsar: el trámite de registro sindical de los organismos federados que carecían de él; la celebración de contratos colectivos de trabajo con las universidades, a efecto de que se garantizaran mejores prestaciones económicas y sociales para sus agremiados; seguro de vida; casas económicas para los trabajadores, y la estricta aplicación de la LFT en vigor, ya que los organismos componentes de dicha Federación, carecían de las prestaciones mínimas que señalaba dicho ordenamiento. (27)
Nada cae del cielo. En el movimiento social es imprescindible que las necesidades de un grupo particular se engarcen con las necesidades y luchas de otros grupos en busca de la solución a sus demandas. El año en que se fundó la FASTSUIESRM comenzó la insurgencia sindical. La Sección 67 (Fundidora Monterrey) del SITMMSRM democratizó en parte su Comité Ejecutivo Local; los sindicatos de Volkswagen de México y Nissan Mexicana abandonaron las filas de la CTM; se produjo el enfrentamiento ferrocarrilero de Monterrey; nació el Sindicato Nacional de Empleados de las Instituciones de Crédito y Organizaciones Auxiliares (intento que no fructificó gracias a medidas legales antiobreras);  concluyeron las jornadas por la democracia sindical del STERM, y estalló la huelga del STEUNAM. El movimiento obrero mexicano entraba a otra etapa de su historia. (28)

SNTE: implantación de un nuevo liderazgo

LOS TELEVIDENTES, RADIOESCUCHAS y lectores de diarios se encontraron con una noticia fuera de lo común el 23 de septiembre de 1972: el edificio social del SNTE había sido ocupado, la noche anterior, por representantes de la apertura democrática que ajustaban cuentas con los emisarios del pasado, de acuerdo con el lenguaje usado en el sexenio echeverrista. De esta manera, el viejo y anquilosado dominio de Jesús Robles Martínez sobre el gigantesco sindicato magisterial fue golpeado contundentemente y deshecho al poco tiempo.
El golpe de mano del 22 de septiembre fue analizado en muchas formas por la oposición sindical del SNTE. Para el Frente Magisterial Independiente (después Nacional):

¿Cuál es la esencia de esos cambios democráticos? No es otra cosa que la de ampliar el círculo de los favorecidos con todo tipo de pequeñas canonjías, como han sido las dobles plazas, los dobles turnos, los permisos, las becas y los viajes, y otras menudencias que en ocasiones son derechos de los maestros, pero que se reparten como favores a aquellos que se muestran más dispuestos y activos en el apoyo a los charros en turno. Dar menos, entre más, ésta es la esencia de la llamada reapertura democrática del Movimiento 22 de Septiembre, ésta es su democracia: comprar más conciencias a menor precio.
El único cambio efectivo es, sin duda, el que ahora nuestro sindicato sea encabezado por Carlos Jonguitud, un lumpenproletario, un desclasado, un pis-tolero con título de profesor dispuesto a hacer prevalecer sus puntos de vista a como dé lugar, augurando para el SNTE el resurgimiento del pistolerismo al estilo de 1956, cuando él apedreaba y lanzaba cohetes y cubetadas de agua sobre los maestros que protestábamos por las traiciones de los dirigentes sindicales. (29)

En otro texto, el FMI señalaba:

La destitución de Olmos fue parte de toda una maniobra encaminada a facilitar la llegada de Carlos Jonguitud a la Secretaría General del SNTE. Sabemos que es en torno a su candidatura que se está disciplinando la mayoría de los dirigentes seccionales. Sabemos también que, como parte de su campaña, Jonguitud está llamando a pláticas de unidad a todos los grupos magisteriales, con la sola excepción del Frente Magisterial Independiente.
Es importante, por lo tanto, fijar desde ahora nuestra posición: sostenemos que la llegada de este nefasto pistolero y de su grupo a la dirección nacional significaría el restablecimiento del pistolerismo como método de represión en contra de la oposición revolucionaria e independiente; junto a lo anterior, se agudizarán la corrupción, la politiquería priísta y el anticomunismo galopante. (30)

Por su parte, el Movimiento Revolucionario del Magisterio decía:

El grupo roblesmartinista que mantenía un control directo sobre el SNTE fue desplazado por una camarilla formada por antiguos líderes charros protegidos y apoyados por el máximo representante del gangsterismo magisterial y exdirigente del PRI (Sánchez Vite). Este auto-charrazo, que tuvo lugar con el empleo de bandas armadas y violando los propios Estatutos del SNTE, fue orquestado y planeado en los altos círculos oficiales, como un intento de materializar la apertura en el campo magisterial y procurar una nueva careta a los dirigentes impuestos.
Tuvo también por objeto lograr una sujeción más directa del SNTE a la Secretaría de Gobernación y eliminar al tradicional intermediario (Robles Martínez)… (31)

Eloy Benavides Salinas, que sustituyó a Carlos Olmos en la Secretaría General del CEN del SNTE, afirmaba con poco apego a la verdad en el IV Consejo Nacional Extraordinario de la organización:

Es bueno advertir a quienes se empeñan en buscar oscuros orígenes al problema de nuestro sindicato, que ya hemos superado, que pierden lamentablemente su tiempo, porque en todo momento ha sido un simple conflicto intergremial resuelto, conforme a lo dispuesto en nuestros Estatutos. (32)

El IV Consejo Nacional Extraordinario del SNTE eligió un nuevo Comité Ejecutivo Nacional, en el cual figuraban Eloy Benavides, como secretario general, y en otras posiciones Héctor Zárate R., e  Idulio Cortés López, entre otros.
Lo cierto es que el maximato roblesmartinista, al llegar LEA a la presidencia de la República fue puesto en la mira de la nueva administración gubernamental, debido a la necesidad de remozar y modernizar el aparato sindical. En el caso de la Confederación de Trabajadores de México, como lo demostraron los hechos, LEA obtuvo un sonado fracaso, y Fidel Velázquez, no obstante la pérdida de varios sindicatos, permaneció como jefe indiscutible del movimiento obrero nacional. Otra cosa ocurrió en el magisterio.
Carlos Olmos Sánchez, cuya gestión debería terminar en 1974, sorpresivamente fue expulsado de las oficinas centrales del sindicato. Elementos vinculados al gobierno en turno asaltaron el local sindical, depusieron al secretario general, citaron al IV Consejo Nacional Extraordinario del SNTE, nombraron como secretario general a Eloy Benavides y golpearon políticamente a los roblesmartinistas. De este modo, uno de los más viejos cacicazgos sindicales del país comenzó a ser demolido.
El Estado avaló de inmediato a los nuevos líderes corporativos. El Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, generalmente lento en sus laudos, reconoció al Comité Ejecutivo Nacional de Eloy Benavides a fines de septiembre de 1972; Víctor Bravo Ahúja, secretario de Educación Pública, recibió un pliego petitorio del renovado CEN; Jesús Reyes Heroles, presidente del PRI, recibió a los integrantes de la nueva dirección, y, finalmente, el Presidente de la República se entrevistó con los recién investidos el 26 de octubre. La legitimación oficial estaba consumada.
Inicialmente, Manuel Sánchez Vite apadrinó a Carlos Jonguitud y Eloy Benavides, pero esa tutela sería rota en 1975, cuando el SNTE se alineó con el gobierno federal para remover a Otoniel Miranda de la gubernatura de Hidalgo. La alianza Sánchez Vite-Jonguitud fue deshecha y el segundo conquistó la hegemonía en el sindicato. Se abrió, así, una nueva fase en la historia del magisterio organizado: la del cacicazgo de Carlos Jonguitud Barrios.
A fines de 1972, sobre la base de la fusión del Sindicato Nacional de Electricistas, Similares y Conexos de la República Mexicana y el Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, nació el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana.

La huelga del STEUNAM de octubre de 1972-enero de 1973

EL 25 DE OCTUBRE DE 1972 estalló la huelga más importante en la historia del sindicalismo universitario: la del STEUNAM, (33) en demanda de firma de contrato colectivo de trabajo y reconocimiento de la organización sindical. Este movimiento dio un impulso gigantesco a la organización y lucha de los trabajadores de las universidades, además de ser un movimiento de huelga constitucional, de hecho.
El 30 de octubre, el PCM y la JCM sostenían:

Las posibilidades de que la huelga triunfe al aceptarse la contratación colectiva, radican fundamentalmente en la unidad de todos los trabajadores y empleados. El instrumento más efectivo para lograr la unidad, es sin lugar a dudas que el Consejo de Huelga democratice su funcionamiento, que lo haga el legítimo representante de todos los trabajadores en huelga, situación que permitirá que éste sea el organismo que efectivamente lo dirija y tome todas las decisiones.
El hecho de que exista un sector de trabajadores y empleados que no acepten la huelga es serio obstáculo para el triunfo del movimiento; corresponde a los trabajadores en huelga no adoptar una actitud de rechazo o de crítica estéril, sino de desarrollar toda una labor de convencimiento discutiendo conjuntamente los objetivos –contrato colectivo, e integración de un sindicato único–; invitándolos a formar parte del Consejo de Huelga, que garantice al término de la huelga la integración democrática del sindicato. (34)

El movimiento concluyó con una gran victoria: el STEUNAM fue reconocido por la Universidad y se firmó un convenio colectivo de trabajo. A partir de esta huelga, el sindicalismo universitario en México se desarrolló masivamente y obtuvo importantes logros.

3. Estudiantes y Universidades

EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL entre 1970 y 1971 continuó siendo el centro de la lucha de masas y por la democracia en México, como venía ocurriendo desde 1966 con las luchas de la UNAM, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (35) y la UAS, pero, desde 1972 la situación cambió bruscamente: la estafeta fue tomada por la clase obrera y otros trabajadores asalariados. Llegó la hora de los sindicatos. En consecuencia, el movimiento estudiantil de ser el centro pasó a convertirse en una fuerza importante, mas no central, que apoyaba a quienes representaban la columna vertebral de la lucha de clases.
En 1970, los estudiantes universitarios, politécnicos y normalistas en la capital federal encabezaron la gran movilización en contra de la extensión a Camboya de la guerra intervencionista de Estados Unidos en el Sudeste asiático.
Ese mismo año presenció la gran lucha, derrotada, de los estudiantes de la Universidad de Guadalajara, que dio nacimiento al Frente Estudiantil Revolucionario, a la toma del local de la  Casa del Estudiante de Guadalajara y a los enfrentamientos violentos que dieron como resultado la muerte de elementos democráticos, y de golpeadores y asesinos de la Federación de Estudiantes de Guadalajara.
En diciembre de 1970 desarrolló sus trabajos el Tercer Congreso de la Juventud Comunista de México, en Monterrey, Nuevo León. De cara a la violenta represión del Estado, el estrechamiento de los cauces democráticos, la difusión de las ideas foquistas y la comprensión unilateral de la Revolución cubana, sectores juveniles y estudiantiles se deslizaron a buscar una salida revolucionaria inmediata. Empezó el ciclo de las actividades guerrilleristas, emparentadas aunque distantes de las expresiones campesinas de Arturo Gámiz, Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas. (36) Elementos de la Juventud Comunista, en claro rompimiento con la política de la JC y el PC, se orientaron hacia posiciones sectarias,  izquierdistas y antipartidistas, ampliamente influyentes en círculos de izquierda de América Latina y el Tercer Mundo. Militantes influidos por dichas concepciones y desesperados por la represión del gobierno, abandonaron sus filas y emprendieron la lucha armada.
1971 fue clave en el movimiento estudiantil: representó el último año en que, de manera masiva, estuvo ocupando una posición de vanguardia en la lucha por los derechos democráticos de las masas y en contra de los métodos de gobernar del PRI.
El 16 de marzo, LEA planteó ante estudiantes potosinos:

Vivimos días de transformación y de cambio social. Quienes pretenden hacer por medio de la comisión de delitos, atacando intereses humanos respetables, provocan en realidad resultados contraproducentes a las propias ideas que dicen tener. Quienes acuden al expediente del delito pretendiendo lograr un cambio social revolucionario, en realidad socavan las posibilidades de cambio que la universidad puede lograr por sus propias vías. (37)

La matanza del 10 de junio de 1971 introdujo en el interior del movimiento estudiantil, sobre todo en el DF, un profundo proceso de descomposición política: drogadicción que incluía a núcleos importantes de universitarios y otros estudiantes; sustitución de las asambleas de escuelas y facultades por reuniones de círculos de activistas; sectarismo, verbalismo izquierdizante y difusión masiva de la intolerancia; aparición de la violencia interna; porrismo, y otras expresiones que reflejaban claramente que el movimiento estudiantil, por un buen tiempo, no desempeñaría los roles jugados de 1966 a 1971.
Sin embargo, las cosas evolucionaron en un sentido no previsto por la izquierda política y el movimiento de reforma universitaria: la conquista de la administración central de algunas universidades, la primera de ellas, la Universidad Autónoma de Puebla. Nació lo que se conoció como Universidad Democrática, Crítica y Popular. En un brillante texto, Alfonso Vélez Pliego escribía:

…El 19 de septiembre de ese mismo año [1972], el Consejo Universitario nombra rector al químico [Sergio] Flores para el período 1972-1975. En esta ocasión, el nombramiento no recae en algún médico o abogado poblano de renombre sino en la persona de un profesor universitario originario de Gómez Palacio, Durango, que había cursado las carreras de física y química en la propia universidad. Tampoco se trata, en esta oportunidad, de un miembro del Partido Revolucionario Institucional o de un representante de los grupos conservadores, como lo habían sido hasta entonces la mayor parte de los rectores, sino de un militante del Partido Comunista Mexicano –forjado en las luchas del movimiento universitario democrático e identificado plenamente con sus aspiraciones y demandas–, hecho excepcional no sólo en la historia de la universidad poblana sino en la del conjunto de las universidades mexicanas. (38)

En el DF, el movimiento estudiantil sólo se repondría, en forma parcial y limitada, en 1986-1987 (39) con la lucha contra la privatización de la educación superior que dirigió el Consejo Estudiantil Universitario. La huelga de 1999-2000, (40) en lugar de conducir a superar la crisis estudiantil, la agudizó en forma extrema.
En esos años la humanidad estaba rasgada por la guerra fría, producto de la división en dos bloques que se disputaban la hegemonía en el mundo entero: el encabezado por Estados Unidos y el dirigido por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En esas condiciones, todo lo que ocurría en el terreno de la política repercutía en las relaciones de las dos potencias. México no era la excepción. De suerte que la guerra sucia contra la guerrilla y la izquierda mexicanas, sólo puede ser comprendida en el marco del enfrentamiento soviético-estadunidense. No existían ínsulas políticas.

Notas

(1) “Carta de José Revueltas a Arthur Miller”, en Oposición, núm. 1, 1-IV-70. pp. 21-28.
(2) Antonio Aranda Flores,  Los cívicos guerrerenses, prólogo de Liberato Terán, s. e., s. l., 1979, p. 152.
(3) Andrés Rubio Zaldívar, El movimiento social guerrerense y la lucha armada de Genaro Vázquez Rojas, México, EPMAT, AC, CDU-per. Pueblo, 1994 [1995], p. 35.
(4) Manifiesto del FER, en Oposición, núm. 14, 12-X-70, pp. 6-7.
(5) Fernando Pineda Ochoa, En las profundidades del MAR (El oro no llegó de Moscú), prefacio de Carlos Montemayor, México, Plaza y Valdés, 2003, p. 25.
(6) Oposición, núm. 28, 30-VI-71, p. 20.
(7) Antonio Aranda Flores, Los cívicos…, 1979, p. 165
(8) Ibíd.
(9) Llamamiento del Presídium del CC del PCM, en Oposición, núm. 33, 1-15-XII-71, p. A del anexo.
(10) Excélsior, 13-I-72.
(11) Ver declaraciones de José Bracho en Por qué?, Punto Crítico y diversas cartas de presos políticos de Chilpancingo en 1972, y Carlos Montemayor, Guerra en el paraíso, México, Ed. Diana, 1991.
(12) El jefe de la policía del DF, señalaba: “Los dirigentes del ‘Movimiento Revolucionario del Magisterio’ forman parte del llamado ‘Partido Comunista Mexicano’, el cual, como es sabido, recibe consignas desde el extranjero…” (Oposición, núm. 40, 16-30-IV-72, p. 4).
(13) Para tener una idea de la magnitud de la represión política en esos años, leer de Gerardo Peláez Ramos, “Algunos comunistas caídos en México”, en Consideraciones, núm. 9, noviembre-diciembre de 2000. La primera versión de este texto se publicó en Nexos, en junio de 1982. Reproducido en los sitios de Rebanadas de realidad, Apia virtual, La Haine y otros.
(14) “Declaración del Partido Comunista: es hora de cerrar el paso al terror reaccionario”, en Oposición, núm. 44, 15-30-VII-72, 2ª de forros.
(15) Gerardo Peláez, “Joel Arriaga, a diez años de su asesinato”, en periódico Así Es, núm. 25, 23-29-VII-82. Reproducido, con modificaciones, en los sitios de Rebelión, La Haine, Apia virtual y otros.
(16) “¿Quién fue Enrique Cabrera Barroso?”, en http://www.enriquecabrera.buap.mx/enriquecabrera.html, consultado el 30 de noviembre de 2010.
(17) Carta abierta, 23-VII-66.
(18) Oposición, núm. 49, 1-15-I-73, p. 4, y Gerardo Peláez, “Enrique Cabrera, a diez años de su asesinato”, en UnomásUno, 20-XII-82. Reproducido en los sitios de Apia virtual, Rebelión, La Haine y otros.
(19)  Declaración del Presídium del CC del PCM, en Oposición, núm. 2, 15-IV-70, p. 28.
(20)  Llamamiento del PCM, en Ibíd., p. 40.
(21)  El Gobierno Mexicano, núm. 3, 1-28-II-71, p. 109.
(22) Qué transformación democrática necesita la sociedad mexicana, México, s. e., 31-VII-71, p. 7.
(23)  Manifiesto del PCM, en La Voz de México, núm. 1994, 6-V-72, p. 3.
(24)  Oposición, núm. 44, 15-30-VII-72, p. IV.
(25) SUNTU, núm. conmemorativo, 12-X-84, pp. 8-9.
(26) Ibíd., p. 2.
(27) Oposición, núm. 40, 16-30-IV-72, y “Oposición y el surgimiento del sindicalismo universitario de masas”, en Consideraciones, núm. 13, noviembre-diciembre de 1999, p. 4.
(28) Gerardo Peláez Ramos, Historia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, México, Ed. del STUNAM, 2000, p. 194.
(29) Manifiesto de la Comisión Coordinadora del Frente Magisterial Independiente (Sección IX), mimeo, s. f., p. 2.
(30) Independiente, núm. 6, noviembre de 1973, p. 6.
(31) Tesis del MRM para su IV Asamblea Nacional, México, s. e., 1974, p. 10.
(32) Eloy Benavides Salinas, 22 de Septiembre, un nuevo rumbo sindical, México, Ed. del Mag., 1974, p. 14.
(33) Ver de Gerardo Peláez Ramos, Breve historia del STUNAM, México, UNAM-STUNAM, 2002, pp. 42-60.
(34) Firmaban  PCM y Juventud Comunista de México. (Oposición, núm. 47, 1-15-XI-72, y “Oposición y el surgimiento del sindicalismo universitario de masas”, en Consideraciones, núm. 13, noviembre-diciembre de 1999, p. 5).
(35) Véase Pablo G. Macías, Octubre sangriento en Morelia, México, Ed. Acasim, 1968.
(36) Los interesados en este proceso pueden leer de Andrés Rubio, Tesis sobre el movimiento armado en Chihuahua, [Chilpancingo], s. p. i.; Luis Suárez, Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanza, México, Roca, 7ª ed., 1978; Antonio Aranda F., Los cívicos guerrerenses, prólogo de Liberato Terán, s. l., s. e., 1979; Minerva Armendáriz, Morir de sed junto a la fuente, México, Tall. Gr. DAS de la UOM “VLT”, 2001; de Bernardo Méndez Lugo, “Capitalismo dependiente y crisis universitaria en Sinaloa: el caso de los ‘enfermos’”, en Liberato Terán et al., Cuatro ensayos de interpretación del movimiento estudiantil, Culiacán, UAS, 1979, y Ronaldo González Valdés, UAS: un discurso rampante, [Culiacán], SUNTUAS Académicos, s. f.
(37) El Gobierno Mexicano, núm. 4, 1-31-III-71, p. 109.
(38) Alfonso Vélez Pliego, “La Universidad Democrática, Crítica y Popular: reflexiones sobre las experiencias del Movimiento de Reforma Universitaria Democrática en Puebla, 1970-1990”, en Daniel Cazés Menache et al. (coord.), Encuentro de Especialistas en Educación Superior Re-conociendo a la universidad, sus transformaciones y su por-venir, t. i, Estado, universidad y sociedad: entre la globalización y la democratización, México, CIICH UNAM, 2000, pp. 182-183.
(39) Véase Esthela Gutiérrez Garza, “El movimiento estudiantil mexicano, ayer y ahora”, en La rebelión estudiantil mundial, Críticas de la economía política, núm. 31, 1987, y José Woldenberg, Revuelta y congreso en la UNAM, México, UNAM, 1994.
(40) Ver de Gerardo Peláez Ramos, Breve historia del STUNAM…

Publicaciones consultadas sobre el entorno internacional

Cuba Socialista, La Habana.
El Día, México.
OCLAE, La Habana.
Revista Internacional, Praga, México.
Tiempos Nuevos, Moscú.
Tricontinental, La Habana.

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