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LIBERAR ESPACIOS

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Alberto Híjar Serrano

Liberar espacios es la práctica 132 más evidente. Al día siguiente de la votación y la apresurada proclama del ganador antes de que la mayoría de los presidentes de casilla entregaran resultados, la marcha desde la Estela de Luz agrupó a miles de manifestantes que a su paso por las calles y por el túnel para los automóviles, recibieron saludos inusitados de los oficinistas, los comensales de restaurantes y cafés y los cocineros que se las ingeniaron para exhibir un cartel con su adhesión mientras los automovilistas bajaban de sus autos para aplaudir y tocar los claxons como celebración del repudio a la corrupción y a su reproducción televisual.

La declaración de apoliticismo de una parte del Movimiento es contradicha no sólo por las consignas coreadas, las cartulinas a cual más de ingeniosas, los comunicados gráficos en internet y redes sociales, las pintas sobre la marcha borradas por la brigada que rechaza enemistarse con los vecinos. Pese a las descalificaciones y ataques contra el Movimiento y sin convocatorias formales, las marchas han desbordado México y han llegado hasta las capitales europeas, Australia, Canadá y a lugares tan aparentemente inapropiados como Playa del Carmen y sus bañistas o Mérida la bien portada y con la estatua de Montejo el cruel todavía en pie. Lo común repudia la corrupción, la política de Estado y partidos con patrocinio oficial, las maniobras de Televisa, las complicidades de consorcios como Soriana, todo concretado en la liberación de espacios mientras se intenta la organización política en lugares disputados y ganados a la represión como San Salvador Atenco donde el fin de semana del 15 y 16 de julio, habrá Convención Nacional democrática. Otros lugares como Huexca en Morelos han recibido contingentes prestos para la construcción del programa de largo plazo.

La significación del espacio público está en juego y aún en los gestos de los priístas salvajes, se advierte el enojo por no tener capacidad ni manera de festejar a Peña Nieto en un acto masivo voluntario y abierto a todo mundo. Un diputado famoso por su profesión de golpeador, ha declarado que si quieren madrazos (¡vaya con la ambigüedad!) los habrá porque él y sus guerreros impedirán que las sedes del PRI sean mancilladas y otro en Veracruz estuvo a punto de disparar a los manifestantes luego de aventarles una silla que pudieron esquivar. Esto sin contar los asesinatos políticos y las agresiones contra activistas y periodistas honrados. Los periodistas mercenarios como José Carreño declaran que se trata de turbas adiestradas sin advertir que si así fuera, habría que otorgarles el Águila Azteca a los instructores interconectados con los de Plaza Tahrir, los okupas de Oakland mejores que los de NY, los de Madrid, Chile y Grecia y quienes se han plantado frente a las embajadas del gobierno de México.

De aquí la propuesta de nombrar espacios como un recurso emancipatorio de larga tradición. Abundan los pueblos donde la resistencia colonial ha logrado poner apellido indígena al nombre de un santo o una virgen. En la Comuna de París de 1871, la asamblea decidió tomar el Templo Expiatorio como repudio a pedir perdón por la ejecución de reyes y cortesanos y derribó la Columna Vendome construida con el metal de los ejércitos derrotados por Napoleón quien, disfrazado de Patricio romano, coronaba el monumento. Acá en México, hay triunfos de nombrar calles como Avenida Universidad en el D.F. a la que el gobierno impuso el nombre de Casas Alemán, el primo del presidente precandidato a la presidencia. Por la vía del reconocimiento de héroes y mártires se descubre la historia común y se construye la crítica. También los criminales de Estado merecen recordatorios. Un centro de tortura de Miguel Nazar permanece como oficina policiaca en Cerrada de Morelia y la remodelación de la Plaza Tlaxcoaque de ingreso al Centro Histórico, ha destruido el gran galerón y los separos donde la policía del D.F. torturó a cientos de capturados en 68 y otras gestas memorables. A ver si algún día alcanzamos a los argentinos que han encarcelado de por vida a ex presidentes generales para júbilo del pueblo, mientras aquí gozan de impunidad los criminales de Estado.

Hubo en la antigua Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM un aula David Aguilar y Eunice Campirán, los jóvenes desaparecidos en un cuartel de Guatemala. Cuando un desertor del ejército de ese país confesó en California su participación para arrojarlos al mar luego de torturarlos, Manuel Aguilar hizo un acto del recuerdo en el Auditorio Ho Chi Minh de Economía, único que conserva el nombre votado en asamblea en 1968. Esta es la hora de reivindicar el nombre del estudiante de economía y su compañera que no llegó al final de su embarazo.

Ni en la Facultad de Filosofía de la UNAM ni en la UAM Xochimilco hay lugar alguno con el nombre de Rafael Guillén y/o Subcomandante Marcos, el intelectual americano más importante de entresiglos que por ahí pasó. Arturo Albores organizó en Chiapas el primer proyecto rural del Autogobierno de Arquitectura, fundó la OCEZ presentó su examen profesional en la cárcel de Cerro Hueco y ya fuera de ella, fue asesinado en su librería de Tuxtla Gutiérrez. Del mismo Autogobierno, el nica Eric Castelló calló en combate en el repliegue a Masaya, definitivo para la huida de Somoza. A la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa hay que ponerle el nombre de Lucio Cabañas que ahí se formó, tal como ya ocurre con una escuela primaria en Iztapalapa. Genaro Vázquez es otro nombre en busca de lugar. Hubo un aula Efraín Calderón Lara “Charras” en la Universidad de Yucatán como homenaje al gran organizador sindical y hace falta encontrarle lugar a Raúl Pérez Gasque, víctima de la Operación Diamante contra las Fuerzas de Liberación Nacional en Chiapas en 1974. Martha Alejandra Trigueros de 17 años fue arrollada por un camión en una marcha del Movimiento Estudiantil de entresiglos en el que participó con el CCH Oriente de la UNAM.

La Universidad Iberoamericana tiene una heroína singular en Aracely Pérez Darias quien dejó la psicología y su trabajo remunerado en el Psiquiátrico Infantil, para incorporarse a la Revolución Popular Sandinista hasta su captura en León, Nicaragua, donde fue torturada y asesinada. Los jóvenes del TEC de Monterrey asesinados en una incursión militar, Ricardo Zavala del CCH Azcapotzalco asesinado en la masacre de El Charco en Guerrero, Alexis Benhumea de Economía de la UNAM asesinado en Atenco, el niño Javier Cortés que corrió la misma suerte cuando regresaba de su secundaria, los cuatro masacrados en Sucumbíos por el ejército coordinado con la base yanqui de Manta por el actual presidente de Colombia y por el candidato a asesor de Peña Nieto, merecen estar presentes en la Facultad de Filosofía y en el Instituto Politécnico Nacional donde estudiaba Soren Avilés. Alcira Soust, la poeta uruguaya que inventó el Jardín de los Cerezos en la Facultad de Filosofía de la UNAM donde sobrevivió a la ocupación militar de Ciudad Universitaria encerrada en un baño y que plantó rosales dedicados a muertos tan entrañables como Sartre, Cortázar, el Che, bien merece un festival de poesía, una placa, un aula o un auditorio para que no sólo los gerentes de la ICA y los escritores de la Presidencia sean celebrados. Al liberar espacios se haría memoria y se contribuiría a la conciencia histórica.

10 julio 2012

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