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¡AY VIENEN! O EL DÍA EN QUE NEZA SE PARALIZÓ

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La ciudad estaba dentro de una atmósfera pesada. Una atmósfera extraña del tamaño de lo sucedido. Inexplicablemente el caos cotidiano de sus avenidas se había disipado, para dejar que el poco tránsito automovilístico transcurriera con fluidez. Dicen que todo empezó con un ¡Ay vienen!, que se extendió rápidamente por todo el municipio, imponiendo un estado de pánico colectivo que derivo en virtual toque de queda.

La gente corría en los tianguis y en las calles, realizaba compras desesperadas en las pocas tiendas y mercados que a pesar del pandemonium permanecieron abiertas. Cerraron sus negocios y vaciaron las escuelas para enclaustrarse a piedra y lodo en sus casas. Todo se paralisó: la economía, la vida social y el devenir de los hombres y mujeres, de los niños y los jóvenes agobiados por el temor que se aproximaba a ellos, pero que no sabían bien a bien que era.

¡Ay vienen! Gritaban las señoras que como ánimas en pena se esfumaban a toda prisa del lugar… ¡Ay vienen! Pregonaban los policías que rondaban las colonias en busca de comandos que no pudieron encontrar. ¡Ay vienen! ¿Quiénes vienen? Preguntaban algunos asorados sin que nadie pudiera contestar quienes eran los que vendrían a saquearlos, a apedrearlos y posiblemente hasta a matarlos.

“Nosotros nos quedamos encerrados en el Dóminos de Villada y Pantitlán. Apenas acabábamos de llegar cuando los trabajadores cerraron las cortinas. Le preguntamos al encargado del restaurante que nos dijera porqué había cerrado. Este nos respondió que habían recibido la órden de hacerlo porque grupos de malandros estaban saqueando la ciudad. Yo le dije que me dejara salir. Este se negó. Nosotros insistimos en salir bajo nuestra responsabilidad. El encargado abrió la puerta y fue así como dejamos el restaurante. Ya afuera, vimos que la noche era un desierto de soledad.”

Este es el relato de una amiga que padeció el toque de queda del 5 de septiembre en Neza. Día raro en verdad. Día en el que los fantasmas de la zozobra y de la muerte tomaron esa ciudad.

 

Son rumores, son rumores…

 

No se sabe bien a bien a bien quien o quiénes iniciaron el rumor de que en Neza y otras colonias del Distrito Federal se estaban generando actos violentos en contra de la población. Se extienden culpas, pero nadie puede asegurar si fueron los cibernautas de las redes sociales, los antorchos, los perredistas, el gobierno o el crimen organizado. Pero dadas sus características y el impacto psicótico que generó, se puede pensar que posiblemente fue inducido. ¿Por quienes y para qué? Esa es la pregunta. Algunos afirman que él rumor fue diseminado para mellar la concentración que realizará AMLO el domingo en el zócalo. Otros que es un ensayo de control de masas para inhibir las protestas en torno a las reformas estructurales que el PRI y el PAN se aprestan a aprobar. En fin una serie de especulaciones verosímiles e inverosímiles venidas de todas partes… incluso de quienes debieran guardar cordura y ser más veraces y contundentes en la información: el gobierno.

“Serán peras o manzanas, pero lo que si es cierto es que las autoridades, no están cumpliendo con su responsabilidad de brindar seguridad pública a la ciudadanía”, criticaban varios ciudadanos mexiquenses quienes no se dejaron arrastrar por el rumor y realizaban sus actividades normalmente. “Esta paranoia es resultado de la ignorancia y la tergiversación que de la información hacen los medio para manipular a la gente… además la raza anda muy sensible, muy vulnerada por toda la violencia que se ha vivido en el país”. Comentó un profesor ante una veintena de alumnos, quienes rompiendo el cerco del miedo se presentaron a clases. Porque hay que decirlo, el rumor de pánico que asoló dos días el oriente del estado de México y zonas de la Ciudad de México,  no logró afectar a todos, menos a aquellos que suelen informarse en medios más veraces de comunicación y no a través de los medios comerciales de radio y televisión, ni de la prensa amarillista, sensacionalista y goebbeliana.

 

Pero qué es un rumor.  Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el rumor es un medio que genera informaciones no confirmadas o tendenciosas. Wikipedia agrega: “Rumor o rumores son especulaciones no confirmadas que se intentan dar por ciertas con un objetivo determinado, y que condicionan el comportamiento de los demás por encima de la información objetiva. Ha sido y es usado tanto como herramienta política como comercial.

 

La psicología nos dice que “el rumor no merece fe; es casi siempre falso. Ninguna persona confía en él. El rumor puede ser un instrumento de propaganda enemiga. Los rumores destruyen la moral del pueblo: es antipatriótico y vergonzoso difundirlos. La persona que esparce rumores es tonta, maligna y peligrosa. Difundir rumores suele ser una manera de descargar en gente inocente las propias flaquezas.”

 

En una sociedad como la nuestra tan descreída ya de las instituciones de gobierno y de los medios de comunicación tradicionales, la gente suele ser presa fácil de la falsa información, de los rumores… que son usados muchas veces para causar tensión, conmoción, angustia, malestar o repulsión en contra de una personalidad o de algún grupo a la que se le quiere dañar políticamente… para meter a la sociedad en la zozobra e inducir toques de queda como una forma efectiva de control de masas; para inhibir la participación social y política en momentos en los que los gobiernos requieran aprobar reformas lesivas para la población; para vender una idea o un producto… en fin… muchas pueden ser las causas por las que se pueden usar los rumores… pero lo que sí se tiene certeza es que dicho rumor que afectó parte del oriente del estado de México y varias colonias de Iztapalapa, Tlahuac e Iztacalco tuvo su epicentro en el enfrentamiento entre moto taxistas de Antorcha Campesina y Popular y del Movimiento Ciudadano.

 

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